jueves, 20 de diciembre de 2012

ET INCARNATUS EST


“ET INCARNATUS EST”
“La fiesta secular de Navidad y su Símbolo, el Arbol de Navidad, expresan una inmensa nostalgia del corazón humano.
Este deseo que asciende del corazón se refiere a una realidad de la cual tenemos un eco en la tierra. Las palabras que han resonado en el inicio de nuestra era “Et Incarnatus Est de Spritu Sancto ex Maria Virgine”.
Generalmente no  le damos un verdadero sentido a estas palabras, que contienen el misterio de la Encarnación, como tampoco lo hacemos al misterio de la Resurrección. El pensamiento moderno que ha perdido el sentido de lo espiritual, no acepta la encarnación de un ser nacido de una virgen, porque no les es posible ver  en la resurrección el punto capital del cristianismo.  Es más, veremos en la Inmaculada Concepción, lo que un sabio ha llamado: “Una insolente injuria hecha a la razón” por lo que no se buscará si hay en este misterio un sentido profundamente espiritual.
Y no obstante, el misterio de encarnación, el misterio de un ser “Nacido de la Virgen María por la obra del Santo Espíritu”, es una realidad aceptada  por todos los cristianos. Y fue así, ya antes de la Venida del Christo, aunque en un sentido diferente. Los Magos que aportan al Niño, en el pesebre, los dones simbólicos del Oro, del Incienso y de la Mirra, habían leído en los astros el Misterio de una Concepción Virginal que desde milenios estuvo inscrita en ellos. Estos Magos eran astrólogos, en el sentido de aquel tiempo; ellos tenían el conocimiento de los sucesos espirituales
 que son anunciados por ciertos signos en el cielo.
Es así que en la noche del 24 al 25 de diciembre, en el año que hoy nosotros llamamos el Nacimiento de Christo,  ellos vieron el Sol, simbolizando el Salvador delo Mundo, Brillar en el Cielo en el Signo de la Virgen.  Y los Magos sabían que cuando vieran brillar el Sol en el Signo de la Virgen, en el curso de la noche del 24 al 25 de diciembre, es porque un cambio profundo se cumplirá sobre la Tierra.”



Extracto Conferencia R.Steiner

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